miércoles, 22 de febrero de 2012
Caperucita roja.
- Abuelita, abuelita, que boca más grande tienes.
- ¡Es para comerte mejor! – Respondió el lobo abalanzándose hacia mí y quitándose la ropa de mi abuela.
Era un día muy soleado y yo iba a llevarle una cesta llena de comida que me dio mi madre a mi abuelita, ya que estaba enferma.
Me puse mi caperuza roja pero antes de salir mi madre me advirtió que mientras fuera por el bosque a casa de mi abuela no me apartara del camino.
Cuando ya estaba en el bosque me encontré al lobo que me preguntó a dónde iba. Yo le conté que iba a casa de mi abuela a llevarle una cesta de comida ya que estaba enferma. Entonces el lobo me dijo que si quería llegar más rápido podía coger un atajo que había. Y así fue, cogí ese camino sin saber que el lobo me había engañado y que en realidad era el camino largo.
Al llegar a casa de mi abuela llamé a la puerta, y con la voz un poco ronza me dijo que pasara que la puerta estaba abierta. Al entrar y verla en la cama la noté muy rara y le dije:
- Abuelita, abuelita, qué ojos más grandes tienes.
- Son para verte mejor - Respondió sin dejar de obserbarme.
- Abuelita, abuelita, que orejas más grandes tienes - Dije yo un poco preocupada.
-Son para oírte mejor.
- Abuelita, abuelita, que boca más grande tienes.
- ¡Es para comerte mejor! - Respondió el lobo abalanzándose hacia mí y quitándose la ropa de mi abuela.
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