Hablando otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero le dijo:
- Patronio tengo un sobrino que está muy celoso porque su madre no le presta atención ya que está siempre atendiendo a su hermano de dos años y yo no sé que aconsejarle, porque él es capaz de hacer cualquier cosa por llamar su atención.
-Señor Lucanor, los celos son muy malos y para que os deis cuenta os voy a contar lo que le sucedió al burro que envidiaba al perrito.
El Conde aceptó la propuesta de que Patronio le contara la historia, y este empezó a relatar:
- Mire señor Lucanor, había un perrito faldero que siempre jugaba con su dueña y que era muy cariñoso. El asno le observaba todos lo días y envidiaba el cariño que tanto le tenían, ya que él se consideraba mejor que aquel perro. Entonces el asno para llamar la atención de su dueña fue corriendo hacia ella posando sus patas sobre sus hombros, ella empezó a gritar para que vinieran los collazos y estes lo paaron a colpes con piedras y mazos.
Al terminar la historia el Conde estaba horrotizado por lo que el pasó al burro, asique siguiendo la moraleja de que es mejor ser como se es qye no ser, decidiió contarle la historia a su sobrino para que fuera consciento de lo malos que pueden ser los celos.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Caperucita roja.
- Abuelita, abuelita, que boca más grande tienes.
- ¡Es para comerte mejor! – Respondió el lobo abalanzándose hacia mí y quitándose la ropa de mi abuela.
Era un día muy soleado y yo iba a llevarle una cesta llena de comida que me dio mi madre a mi abuelita, ya que estaba enferma.
Me puse mi caperuza roja pero antes de salir mi madre me advirtió que mientras fuera por el bosque a casa de mi abuela no me apartara del camino.
Cuando ya estaba en el bosque me encontré al lobo que me preguntó a dónde iba. Yo le conté que iba a casa de mi abuela a llevarle una cesta de comida ya que estaba enferma. Entonces el lobo me dijo que si quería llegar más rápido podía coger un atajo que había. Y así fue, cogí ese camino sin saber que el lobo me había engañado y que en realidad era el camino largo.
Al llegar a casa de mi abuela llamé a la puerta, y con la voz un poco ronza me dijo que pasara que la puerta estaba abierta. Al entrar y verla en la cama la noté muy rara y le dije:
- Abuelita, abuelita, qué ojos más grandes tienes.
- Son para verte mejor - Respondió sin dejar de obserbarme.
- Abuelita, abuelita, que orejas más grandes tienes - Dije yo un poco preocupada.
-Son para oírte mejor.
- Abuelita, abuelita, que boca más grande tienes.
- ¡Es para comerte mejor! - Respondió el lobo abalanzándose hacia mí y quitándose la ropa de mi abuela.
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